Un cuchillo afilado es un cuchillo más seguro — va donde lo apuntás en lugar de resbalarse. Lo básico: afinar entre afiladas, afilar cuando el afinado ya no devuelva el filo, nunca meter un buen cuchillo en el lavaplatos, y guardarlo en una tira magnética o en un protector de hoja — nunca suelto en un cajón.
Cortá sobre madera o plástico blando — no vidrio, granito ni cerámica. Esas superficies matan el filo. Enjuagá y secá a mano. Un filo bien cuidado dura mucho; uno descuidado se apaga en semanas.